Una nueva propuesta para examinar el día. Para volver la vista atrás y descubrir la presencia de Dios en diversos momentos, a través de personas, sucesos, sentimientos y acciones que hayan tenido lugar en esta jornada. Para que nunca dejemos de buscarle, cuando se nos hace evidente que está, y cuando parece que se aleja.
Hay algunos momentos en que nos vemos golpeados por la dificultad. Puede ser por la enfermedad, el fracaso, alguna carga que se nos hace difícil de llevar... También desde la oscuridad -o quizás especialmente en esos momentos- podemos volvernos a Dios y elevarle nuestra oración. Para pedir su luz, su fuerza y su esperanza.
En medio del ritmo diario no siempre hay ocasión para darnos cuenta de todo lo que nos ocurre. Por eso es importante volver la vista atrás y recuperar las palabras, los encuentros, los aciertos y errores, los aprendizajes de cada día... Y es especialmente necesario aprender a descubrir la presencia de Dios en lo cotidiano. Eso es lo que pretendemos al examinar la jornada. No se trata de una revisión para evaluar o juzgar lo vivido, sino para descubrir, en ello, llamadas, lecciones y posibilidades.