







El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida: ¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, es lo que busco:
habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida;
contemplando la dulzura del Señor, observando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.
«Vive Dios» © Difusión libre cortesía de Colegio Mayor José Kentenich
«Seraphim» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
¿Cuál es tu dicha, Señor?
Porque quiero hacerla mía,
Probármela, llevarla puesta todo el día.
¡No me escondas tu dicha!
¿Será tu dicha ese amor
que Jesús entregó al ser humano?
Un amor de compasión,
un amor de compañía,
un amor para que viva,
un amor que nunca muere,
un amor que no lo olvida,
y de nunca echar el freno.
¿Será tu dicha esa fe fuerte
que tuvo tu madre, María?
Una fe alegre y esclava,
que vuelve humilde y engrandece,
de esas que operan en lo oculto,
de esas que no tienen grietas,
de esas que nunca se rinden,
de esas que siempre confían.
¿Será tu dicha ese aliento
que tu Espíritu dejó en este mundo?
Ese aliento que traza futuros,
ese aliento que abre caminos.
Un aliento novedoso,
un aliento de osadía,
de esos que desatan nudos
de aquellos que quieren vivir juntos.
(Seve Lázaro, SJ)