







Yo esperaba con ansia al Señor;
Él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy."
Como está escrito en mi libro:
"Para hacer tu voluntad."
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.
«Padre Nuestro. Un nuevo modo de ser» © Difusión libre cortesía de Ixcís
«The promise fulfilled» © Autorización de San Pablo Multimedia
Tú esperabas con ansia, mi respuesta, mi fuerza….
Yo escuché cada una de tus palabras, tu grito y tus susurros,
y puse en tu boca un canto nuevo, una voz menos urgente,
menos desesperada, un canto de evangelio, de justicia, de verdad.
Yo no quiero sacrificios estériles, u ofrendas vacías. No necesito nada de eso.
Quiero que abras el oído para escuchar mi voz, y todas las voces del mundo.
Entonces tú me dices que estás aquí, que quieres hacer mi voluntad,
y yo me alegro hasta la entraña, porque mi voluntad es tu bien,
y el bien de cada ser humano.
Proclamas la salvación ante la gran asamblea,
y tu vida habla de amor, de esperanza y de Vida.
Y yo, el Señor, lo sé.
(Rezandovoy, el Salmo 40 a la manera de Dios)