







Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme’. Entonces los justos le contestarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?’ Y el rey les dirá: ‘Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis’.
»Y entonces dirá a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis’. Entonces también estos contestarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él replicará: ‘Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de estos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo. Y estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna’».
Abrirás mis ojos.
Veré, sin filtro,
infiernos
y cielos
en el mundo desigual.
Abrirás mis oídos,
y gritos ignorados
me alcanzarán
con su verdad desnuda.
Me abrirás la boca
y no valdrán
excusas ni gimoteos.
Juicio será descubrir
que fue el amor mi vecino
cada día, y lo ignoré.
Que eras tú quien anhelaba
el gesto que yo negaba
atrincherado en mi jaula
de indiferencia distante.
Juicio será comprender
que hubo lágrimas vertidas
por negarme yo a secarlas,
ver la muerte cotidiana,
el dolor, las decepciones
de quien no te halló al buscarme.
Y juicio será también
la sorpresa de encontrarte
en cada instante entregado
cada abrazo sin cadenas,
cada historia compartida,
cada verso, cada canto,
cada paso franqueado.
La eternidad prometida,
anticipada en mil rostros.
No es todavía
la hora de la cosecha.
Aún estamos a tiempo
de acertar con la siembra.
(José María R. Olaizola, SJ)