







Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí.
»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
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En los medios de comunicación y las redes, esas cátedras modernas, se han sentado los fariseos contemporáneos. A veces hablan de fe, pero no hay que imitar su actitud, pues lo que apuntan sus palabras lo contradicen sus hechos. No imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Insultan y no aman. Descalifican y no aportan. Condenan y no respetan. Ponen una exigencia de virtud y coherencia en los demás que luego ellos se saltan desde el momento en que empiezan a despreciar al prójimo. Todas sus obras las hacen para ganar el aplauso de los que son como ellos. Tienen sonoros nombres anónimos para convertirse en figuras populares. Quieren que se les cite y la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestros Ni santos. Ni perfectos. Porque uno solo es el maestro, el santo, el que es perfecto. No presumáis de intachables, queriendo suplantar el lugar de Cristo. Si queréis pareceros a Cristo, sed servidores. Sed humildes. Haceros pequeños. Y entonces Dios os alzará.
(RV adaptación libre de Mt 23, 1-12)