







Jesús dijo a los judíos: «En verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre». Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: ‘Quien guarde mi palabra no probará la muerte para siempre’? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?». Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera ‘No lo conozco’ sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría». Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?». Jesús les dijo: «En verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy». Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
«Gustar a Dios » © Autorización de San Pablo Multimedia
«Second Sight» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
Soy Presencia y arrullo.
Promesa y encuentro,
llamada y grito.
Soy Palabra o Silencio,
canción y poema,
Huracán o brisa.
Soy urgencia o espera,
fuente y hoguera,
pregunta y respuesta.
Soy camino y refugio,
caricia y abrazo,
verdad y vida.
Soy el alfa y la omega,
principio y destino,
origen y meta.
Soy espejo y ventana,
alianza o promesa,
canción y llamada.
Soy bandera y proyecto,
libertad y reto.
Soy, en Ti, un milagro.
(José María R. Olaizola, SJ)