







Esteban dijo al pueblo y a los ancianos y escribas: «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado». Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia.
Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios». Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y, con estas palabras, murió. Saulo aprobaba su ejecución.
Dios escogió a lo más débil, a lo más frágil, a lo más impuro. Yo era un perseguidor, un enemigo de los cristianos. Era judío, y estaba convencido de que debía acabar con aquellos que seguían a Cristo. ¿Sabéis? Yo estuve allí. El día en que murió Esteban. Y lo peor de todo es que me pareció bien. No puedo decir que disfrutara con la ejecución. Es tan solo que creía que eso era lo justo. Pensaba que aquel muchacho era un impuro, un pagano, y que era peligroso. Nosotros le condenábamos, y él sólo tenía palabras de perdón. Nosotros le insultábamos, y él respondía con palabras de confianza. Nosotros le apedreábamos, y él hablaba de paz. Yo entonces no lo entendía. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy. El Señor me abrió los ojos, y me mostró un camino distinto. Esteban murió, pero otros tomamos el relevo en esa carrera, y otros vendrán detrás. Hasta el fin del tiempo. Hasta el fin del mundo.
(Rezandovoy)