







El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo,
porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
«Como un niño» © Difusión libre cortesía de Colegio Mayor José Kentenich
«Taizé instrumental II» © Autorización de Atheliers et Press de Taizé
Yo soy tu pastor, nada te falta.
En verdes praderas te hago recostar.
Te conduzco hacia fuentes tranquilas
y reparo tus fuerzas.
Te guío por el sendero justo
por el honor de mi nombre.
Aunque camines por cañadas oscuras,
no temas nada, porque yo voy contigo,
mi vara y mi cayado te traen el sosiego.
Preparo una mesa ante ti,
enfrente de tus enemigos.
Te unjo la cabeza con perfume,
hasta que tu copa rebose.
Mi bondad y mi misericordia
te acompañan
todos los días de tu vida,
y habitarás en mi casa
por años sin término.
(Rezandovoy, inspirado en el Salmo 23)
Ahora que la noche es tan pura,
Y que no hay nadie más que tú,
Dime quién eres.
Dime quién eres y por qué me visitas,
Por qué bajas a mí que estoy tan necesitado.
Y por qué te separas sin decirme tu nombre.
Dime quién eres tú, que andas sobre la nieve;
Tú que, al tocar las estrellas,
las haces palidecer de hermosura.
Tú que mueves el mundo tan suavemente,
Que parece que se me va a derramar el corazón.
Dime quién eres, ilumina quién eres;
Dime quién soy también,
y por qué la tristeza de ser hombre.
Dímelo ahora que alzo hacia ti mi corazón,
Tú que andas sobre la nieve.
Dímelo ahora que tiembla todo mi ser en libertad.
Ahora que brota mi vida y te llamo como nunca.
Sostenme entre tus manos;
sostenme en mi tristeza,
Tú que andas sobre la nieve
(José Luis Blanco Vega, SJ)