







Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».
«Salve Regina (Gregorian Chants)» © Con la autorización de Juliano Ravanello
«Amazing Grace» © Autorización de San Pablo Multimedia
Sí, Señor, yo te pido
el pan de cada día,
la paz en mis fronteras,
la luz de tu palabra.
Pido que no me falte
sencillez en los gestos,
cordura en el afecto,
limpieza en la mirada.
Busco tu voz discreta
que ni grita ni abruma,
tu presencia callada
que todo lo transforma.
Voy buscando en mi entorno
de tu paso las huellas,
de tu cruz las secuelas,
de tu amor los reflejos.
Y llamo, sí, te llamo
en los días felices
y en las noches oscuras.
Es tu nombre un tesoro
que comparto, en voz baja,
sintiendo que al llamarte
la bruma se disipa
y enciendes la esperanza.
(José María R. Olaizola, SJ)