







Enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».
Adivinando su hipocresía, Jesús les replicó: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le contestaron: «Del César». Jesús les replicó: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Y se quedaron admirados.
«Testigos de tu amor» © Disponible en plataformas por Coro San José
«Sancta Camisia» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
En tu presencia, de nuevo, como he venido otras veces.
Y, como siempre, no aspiro a comprenderte.
Solo a estar a tu lado, quizás hoy en silencio.
Aquí́ estoy, Padre.
Vengo a ti herido, desgastado, roto.
Como una navaja con el filo mellado de tanto cortar.
Como una azada estropeada por el tiempo y el trabajo.
Como la pieza de un motor que funciona a duras penas.
Como un corazón con las válvulas gastadas por la edad y por la vida.
Como una bombilla fundida tras años de dar luz.
Me presento ante ti, como siempre, para ser tu instrumento, si es que así lo deseas.
Haz de mi lo que quieras.
En tus manos sé que serviré́ como tú digas.
Solo tú sabes construir este templo con piedras desechadas,
con recetas gastadas, con aparejos quebrados.
Aquí me tienes, Padre.
Hoy sé que serás tú quien me conduzca,
quien marque mi camino,
quien saque nuevo filo,
quien arme nuevas fuerzas,
quien forme nuevos bríos,
quien dé nuevos latidos a mi debilidad,
quien hará que ilumine de nuevo tus caminos,
quien me haga de nuevo y me entregue a los hermanos.
(Jaime Foces Gil)