







Jesús dijo a sus apóstoles: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios». Gratis habéis recibido, dadlo gratis. No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros».
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Vete y proclama que mi reino está cerca. Cura a quien esté enfermo, acaba con las pequeñas muertes cotidianas, limpia la lepra que a veces tiñe nuestras vidas, ayuda a la gente a que expulse malos sentimientos, envidias, egoísmo, ansiedades y todo aquello que habla del mal en nuestro mundo.
Y no pidas nada a cambio, porque hacer el bien no tiene precio; gratis se recibe y gratis se da. No lleves en tu cartera muchos billetes, ni pongas toda tu confianza en una tarjeta de crédito. No pretendas tener todas las seguridades antes de echarte al camino, porque si esperas a estar seguro de todo, nunca saldrás tras mis huellas. No pretendas vivir con todas las garantías. La vida te irá dando el sustento que necesites.
No todo el mundo quiere escuchar mi palabra. Si te encuentras en un grupo, mira a ver quién puede ser más receptivo al evangelio, y a ese, anúnciale la buena noticia. Tú trata bien a la gente, que si es gente de paz, entenderá que eres amigo. Y si es gente que no quiere confiar, probablemente seguirán llenos de malos humores y conflictos. Pero tú no pierdas la paz del apóstol.
(Rezandovoy, a partir de Mt 10, 7-13)