







Jesús dijo a sus discípulos: «No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti es oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».
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Toma todo esto que me ata, Señor,
y que tantas veces me cansa.
Recíbelo y abrázalo
para que yo pueda ir asumiéndolo.
Toma tantos miedos que no me dejan avanzar,
y dame la gracia de levantar la cabeza y seguir caminando.
Confiando en que tu libertad más profunda
siempre está llegando.
(Matu Hardoy)