







Jesús dijo a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en el fuego. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos pajarillos. Porque todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
«Dawn of hope» © Publicada en Youtube Soothing Relaxation
No tengas miedo a las personas. No tengas miedo a los otros, hombres y mujeres que promueven sombras, alientan maldades o enmascaran la verdad. Porque no hay nada oculto que no se vaya a saber. Lo que yo te digo ahora, en la intimidad de tu oración, tú cuéntalo con paz a plena luz del día. Y lo que me escuchas, llévalo allá donde una voz necesita ser oída. Llévalo a las calles, a las iglesias, a las redes… no tengas miedo de proclamar mi verdad. Aunque te ataquen por ello. La verdad del amor, la misericordia, la comunidad, el perdón…
Y no temas a los que atacan de tantos modos, a los que hieren, anulan, desprecian, calumnian… herirán, sí, pero no pueden matar el alma. Tú teme más bien vivir una vida vacía. Sin sentido, sin Dios.
Porque si vives sin mí te pierdes ser consciente del abrazo que te sostiene. Dios, autor del universo, de toda su vida, de toda su belleza… Dios que todo lo envuelve en su abrazo, ¿no te va a envolver a ti? No tengas miedo.
Habla de mí, de mi amor, de mi verdad, ante los otros. Yo, Jesús, hablaré de ti al Padre Dios que está en los cielos. Porque tu vida me importa. Y también tu amor.
(Rezandovoy, adaptación de Mt 10, 26-33)