







Al bajar Jesús del monte mucha gente lo siguió. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
«Si tú quieres» © Con la autorización de Ignis
«Lines Build Walls» © Usado bajo licencia no comercial Creative Commons
Si quieres, puedes
hacerme sentir querido.
Si quieres, puedes
incendiarme por dentro
con pasión y evangelio.
Si quieres, puedes
abrir la puerta
de mis jaulas de oro
y empujarme
hasta que salga
a la intemperie,
turbulenta e impredecible.
Si quieres, puedes
convertir mi mirada
en esperanza
y mi paso en vuelo.
La pregunta
es si yo quiero.
Si no elijo
la isla, el hielo,
la celda,
la niebla
o el suelo,
por miedo
a tomarte en serio.
Tú sí que quieres.
(José María R. Olaizola, SJ)