







Jesús salió de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».
«Levántate» © Difusión libre cortesía de Juan Ignacio Pacheco
Es verdad.
Parte de la siembra
caerá en el camino,
entre las espinas,
entre las piedras,
sobre costumbres duras,
entre codicias asfixiantes
y espaldas golpeadas.
Y se perderá la palabra.
Pero como verdad más honda,
siento la urgencia
de hundir la mano
en las semillas del alma,
y lanzar al aire la vida
sin discriminar los terrenos
ni calcular la respuesta,
ni acumular la ganancia.
Y al seguir el camino,
que me quede la alegría
de la mano abierta,
sin posesiones viejas
en los puños cerrados
que ya no pueden acoger
la novedad que regalas
(Benjamín González Buelta, SJ)