







Jesús dijo a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de la casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así. En verdad os digo que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si dijera aquel mal siervo para sus adentros: ‘Mi señor tarda en llegar’, y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
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Quiero vivir más desde tu luz,
no con brillantes ideas,
no con secretos ocultos,
sí con tu transparencia.
Quiero vivir más desde tu aurora,
no con la noche a cuestas,
no con los sueños rotos,
sí con los que desean.
Quiero vivir más desde tu espera,
no con lo que acontezca,
no con mi copa vacía,
sí con los que te sueñan.
Quiero vivir más desde tu hora,
no con la calma tiesa,
no con el alma en vilo,
sí con el ansia eterna.
(Seve Lázaro, SJ)