Encrucijada

Delante de mí
dos caminos,
dos palabras,
dos banderas.

Una ruta que termina
en un espejo,
o una senda que se pierde
tras tus huellas.

Un verso hermoso
pero hueco,
o la voz de tus profetas.

La bandera del aplauso
en que envolverme,
o la bandera del pobre,
la que sus heridas venda,
de sus lágrimas es paño,
y frazada en la tormenta.

Delante de mí
el vacío
o el amor.
¿Cómo dudarlo siquiera?
(José María Rodríguez Olaizola, sj)