Dieta de conversión

Con los demás, manos de Cuaresma, de ésas que se abren para socorrer, que no miran al dar, que nunca dicen ¡stop! ¡Manos a la obra! Con Dios, calma y silencio, para escuchar su brisa pasar y dejar que me abrace, me alivie y anime. Hasta que mis durezas se ablanden y mi corazón consiga girar. Conmigo, una buena dieta de ego que me baje del andamio del ombligo y adelgace unos kilos de soberbia. Que me quite el caramelo del elogio. ¡Recupera, vida, tu sabor! (Seve Lázaro)