Dieta de conversión
Con los demás, manos de Cuaresma,
de ésas que se abren para socorrer,
que no miran al dar,
que nunca dicen ¡stop!
¡Manos a la obra!
Con Dios, calma y silencio,
para escuchar su brisa pasar
y dejar que me abrace, me alivie y anime.
Hasta que mis durezas se ablanden
y mi corazón consiga girar.
Conmigo, una buena dieta de ego
que me baje del andamio del ombligo
y adelgace unos kilos de soberbia.
Que me quite el caramelo del elogio.
¡Recupera, vida, tu sabor!
(Seve Lázaro)