Que hable mi cuerpo

No al odio, a la maldad y la venganza. Sí al amor, a la paz, al perdón. No al poder injusto, que oprime y domina. Sí al poder que se hace fuerte en la debilidad. No a la imposición por las armas o la violencia. Sí a la palabra que desnuda la verdad. No a los flashes que ciegan. Sí a la luz del día que apaga las sombras y la noche. No al egoísmo que levanta murallas para defenderse. Sí a la pasión por cada ser humano. No al escepticismo rampante, de quien está de vuelta de todo. Sí a la búsqueda eterna, de respuestas, de sentido, de Dios. (Rezandovoy)