Señora del alba

Antes del alba, tus manos
cuecen el pan de la entrega.
Con la ternura amasas
los sueños y las esperas.
Tu corazón confía esperando que amanezca.

Antes del alba, tus ojos
vuelven a llorar serenos.
Se te rompen los recuerdos,
recuperas las ausencias,
y tu corazón confía esperando que amanezca.

Quiero esperar junto a ti
hasta que despunte el alba;
y la luz del nuevo día
ilumine el corazón.
Quiero esperar junto a ti
y pasar la noche en vela,
como tú, aguardando la promesa.

Antes del alba, tus labios
pronuncian sin gran reproche:
si «hágase» le dije al día,
«hágase» digo de noche.
y tu corazón confía esperando que amanezca.

(Alejandro Labajos, SJ)