Obediencia
Hay que obedecer a Dios.
No desde el temor o la ley.
No desde la imposición
o la inercia.
No con espíritu resignado,
ni porque no haya otro remedio.
Es, más bien, obedecer
a la voz interior
que nos habla de lo justo,
lo bello, lo cierto.
Que nos enseña a mirar
con ojos nuevos
y descubrir, en torno,
las posibilidades,
inmensas,
del mundo viejo
que está hambriento
de vida y resurrección.
(Rezandovoy)