Obediencia

Hay que obedecer a Dios. No desde el temor o la ley. No desde la imposición o la inercia. No con espíritu resignado, ni porque no haya otro remedio. Es, más bien, obedecer a la voz interior que nos habla de lo justo, lo bello, lo cierto. Que nos enseña a mirar con ojos nuevos y descubrir, en torno, las posibilidades, inmensas, del mundo viejo que está hambriento de vida y resurrección. (Rezandovoy)