El relato del mago

La memoria ya me falla para muchas cosas, pero no para aquello. No esperábamos lo que ocurrió. Nos echamos al camino, movidos por tantas señales… una estrella, una intuición, el deseo de comprender, la esperanza de que el mundo no podía ser sólo la sucesión de luchas y guerras… Muchos se rieron de nosotros, nos decían que estábamos locos, y que buenas ganas teníamos de abandonar las comodidades. Pero lo hicimos. El camino nos llevó por muchos lugares, y encontramos a muchas personas. Al fin supimos lo que buscábamos. Un rey de reyes, una respuesta de Dios… Hubo quien trató de equivocarnos en esa búsqueda. Hubo reyes con corona que no comprendieron nada… Pero al fin lo encontramos, donde menos lo esperábamos. En un establo, durmiendo al raso. Y sin embargo, no podíamos dudar. Era la respuesta. Era la fuente de una sabiduría diferente. A la luz de aquel misterio comprendimos que el amor puede más que las armas. Que no es la fortaleza, sino la fragilidad lo que nos hace humanos. Comprendimos que en aquel niño estaba la verdad más desnuda de Dios. Por eso nos arrodillamos y lo adoramos, porque había, en su desnudez, riquezas más grandes que en todo el oro, en todo el prestigio y en toda la pompa del mundo. Que había en su verdad más sabiduría que en todos los tratados, los libros y las teorías de los hombres. Volvimos a casa. Alegres. Con una alegría diferente.
Ahora ha pasado el tiempo. Y flaquean las fuerzas… Pero ya nunca faltará la alegría. La alegría de saber que Dios está con nosotros.

(Rezandovoy)