La madre del hijo pródigo

Quiero a mis dos hijos como a las niñas de mis ojos. Y a mi marido, que es un hombre profundamente bueno. Pero el día en que el pequeño vino con esas ideas en la cabeza se me partió el alma al verlo marchar casi sin despedirse.
La casa se llenó de tristeza. El mayor parecía reprocharnos sin palabras cuando salía a trabajar cada mañana. Y nosotros nos quedábamos a solas, pensando si habíamos hecho bien, tratando de consolarnos y sin apartar la mirada de la curva del camino que entra en nuestras tierras.
Hasta que le vimos aparecer ¡qué delgado estaba! Todo el dolor y las dudas desaparecieron. Como le dije a mi marido, este hijo nuestro estaba perdido y lo hemos encontrado ¡esto hay que celebrarlo!
Luego oí las quejas del mayor, sentí el portazo que dio al irse de la fiesta y corrí a abrazarlo. También él ha lo ha pasado mal estos meses…

(Rezandovoy)