El relato de Nicodemo

Yo temía perder posición, prestigio, autoridad… si me relacionaban con él. Por eso fui de noche. Como quien tiene algo que ocultar. En lo más hondo, yo sabía que era un Maestro, que hablaba con razón, y que sus palabras y gestos eran más auténticos que mucho de lo que yo veía y escuchaba a diario. Me miró. Me dijo que había que nacer de nuevo. Yo objeté que ya me sentía viejo para eso. Se rio, y me miró con seriedad. Nunca es tarde para ponerse en manos del espíritu, dijo. Y entonces comprendí que se puede estar dormido en vida, y que es necesario despertar. Que se puede nacer de nuevo, más allá de convenciones y rutinas. Más allá de leyes y normas. Pasar de la noche al día, del miedo al valor, de la bruma al sol radiante, donde poder proclamar la verdad. Cuando salí de la casa, sentí que volvía a vivir

(Rezandovoy)