Nacer del Espíritu
Nacer del Espíritu no es fácil, no es empresa que podamos acometer solos. Es entrar en una dinámica muy diferente de la que estamos acostumbrados, en la que todo está bajo mi control; todo depende de mí: de mis fuerzas, mi talento, mis creencias, mis normas, mi manera de ver y analizar la realidad. Es ir donde yo sé lo que quiero y marco el rumbo.
Nacer del Espíritu es otra cosa, es dejarse llevar por Alguien en quien confiamos plenamente, dejando que nos transforme, nos aliente con su fuerza y nos recree. Es tener los oídos muy atentos para percibir susurros y latidos de vida donde aparentemente sólo hay fragilidad y desnudez, aridez y desierto.
Nacer del Espíritu nos prepara para captar nuevas señales y aprender a interpretarlas desde otras categorías. Es sobre todo estar dispuestos a marchar con Jesús adonde no pensábamos ir, mirar con Jesús donde antes desviábamos la mirada, acercarse y abrazar con Jesús realidades y personas que antes rechazábamos.
Nacer del Espíritu es otra cosa, es dejarse llevar por Alguien en quien confiamos plenamente, dejando que nos transforme, nos aliente con su fuerza y nos recree. Es tener los oídos muy atentos para percibir susurros y latidos de vida donde aparentemente sólo hay fragilidad y desnudez, aridez y desierto.
Nacer del Espíritu nos prepara para captar nuevas señales y aprender a interpretarlas desde otras categorías. Es sobre todo estar dispuestos a marchar con Jesús adonde no pensábamos ir, mirar con Jesús donde antes desviábamos la mirada, acercarse y abrazar con Jesús realidades y personas que antes rechazábamos.