Pablo cuenta lo de Esteban

Dios escogió a lo más débil, a lo más frágil, a lo más impuro. Yo era un perseguidor, un enemigo de los cristianos. Era judío, y estaba convencido de que debía acabar con aquellos que seguían a Cristo. ¿Sabéis? Yo estuve allí. El día en que murió Esteban. Y lo peor de todo es que me pareció bien. No puedo decir que disfrutara con la ejecución. Es tan solo que creía que eso era lo justo. Pensaba que aquel muchacho era un impuro, un pagano, y que era peligroso. Nosotros le condenábamos, y él sólo tenía palabras de perdón. Nosotros le insultábamos, y él respondía con palabras de confianza. Nosotros le apedreábamos, y él hablaba de paz. Yo entonces no lo entendía. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy. El Señor me abrió los ojos, y me mostró un camino distinto. Esteban murió, pero otros tomamos el relevo en esa carrera, y otros vendrán detrás. Hasta el fin del tiempo. Hasta el fin del mundo.

(Rezandovoy)