Pedir, buscar, llamar

Sí, Señor, yo te pido
el pan de cada día,
la paz en mis fronteras,
la luz de tu palabra.
Pido que no me falte
sencillez en los gestos,
cordura en el afecto,
limpieza en la mirada.

Busco tu voz discreta
que ni grita ni abruma,
tu presencia callada
que todo lo transforma.
Voy buscando en mi entorno
de tu paso las huellas,
de tu cruz las secuelas,
de tu amor los reflejos.

Y llamo, sí, te llamo
en los días felices
y en las noches oscuras.
Es tu nombre un tesoro
que comparto, en voz baja,
sintiendo que al llamarte
la bruma se disipa
y enciendes la esperanza.

(José María R. Olaizola, SJ)