La mala fe

No te dejes entrampar
allá donde Dios es solo apariencia.
Sigue caminando.
Sortea las mentiras cómodas,
los engaños con que decimos creer.
Aléjate del profeta
cuyo evangelio
es la pesadilla del pobre.
Esquiva la frialdad
de corazones de piedra.
Planta cara a los lobos
que atraviesan el ahora
con piel de cordero y alma de fiera.
Exorciza este presente
habitado por la rabia y la exclusión.
Pasa de largo
si las palabras golpean sin piedad
cuando falte la misericordia,
cuando se idolatre el ego,
donde el poder es dominio,
cuando la virtud se empuñe
para acosar al hermano.

Cada historia es un reloj de arena
que va vertiendo su tiempo, imparable.
No permitas que la tuya sea estéril.

(José María R. Olaizola, SJ)