Fracaso

Desde la oscura profundidad de mi abismo
elevé mis brazos suplicantes a ti.
Y tú me miraste con cariño,
con esos ojos de luna llena.
«Lo estás enfocando mal», dijiste.
«Deberías aprender a amar tu fracaso».
¿Amar el fracaso?
La propia idea sonaba ridícula.
Pero vencí mis reparos
y me atreví a preguntar.
«De todos los placeres,
el mayor es el de fracasar»,
explicaste con paciencia.
«Pues es el único que nos dice,
sin lugar a duda,
que todavía queda espacio para la mejora».
Lo entendí.
Y ese día empecé a vislumbrar
dónde reside la verdadera felicidad.

(Ximo Cerdà)