Desde el enfado
Señor, dame ingenio
para afrontar los problemas,
cordura para responder
en las horas de conflicto,
libertad
para defender mis razones
y madurez para entender
los motivos ajenos.
Dame sentido del amor
para discutir con calma
y sentido del humor
para mirarme al espejo
cuando la cara habla de
enfados y mosqueos.
Dame, en fin, la paz y la mansedumbre
de los bienaventurados,
que, sin perder la coherencia,
se niegan a perder la sonrisa.
(José María R. Olaizola)