Despejar el camino de Dios

No basta con predicarte, Dios mío, para sacarte a la luz en los corazones de los otros. Es preciso despejar en el otro el camino que lleva a Ti […] A veces las personas son para mí casas con las puertas abiertas. Entro, vago a través de los pasillos, de las habitaciones, la disposición es un poco diferente en cada casa. Sin embargo, todas son semejantes y debería ser posible hacer de cada una de ellas un santuario para ti. Y te lo prometo, Dios mío, te buscaré un alojamiento y un techo en el mayor número de casas posibles… Hay tantas casas deshabitadas y te introduzco en ellas como al Huésped más importante que puedan recibir. (Etty Hillesum)