Coloquio condicional

“¡Si hubieras atendido mis mandatos…!”, les decía Isaías de parte del Señor a los suyos en el exilio; “Si conocieras el don de Dios…” le decía Jesús a la mujer samaritana… Ese “si…”, Señor, me resuena por dentro con fuerza y al mismo tiempo suavemente. Si mi vida hubiera estado atenta a tus llamadas; si hubiera reconocido tu amor y tu fidelidad en todo lo que soy; si hubiera prestado atención al clamor de los más pobres; si no hubiera vivido tan disperso y tan ocupado en atender a tantos dioses que me ofrecían seguridades engañosas; si hubiera prestado más atención a los que me necesitaban, si...si...si... Pero tú, Señor, me ofreces desde ahora mismo, una nueva oportunidad: me sigues llamando; me sigues ofreciendo amor; quieres que salga de ese pozo de mi exilio que tan sólo me centra en mí. Señor, quisiera darle la vuelta a tanto “si…” perdido en mi vida, con la oración de aquel leproso que se acercó a ti cuando bajabas del monte: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. (Pep Baquer sj)