Coloquio
Dios Padre bueno, que enviaste a tu hijo Jesucristo como mensaje encarnado de tu amor, concédenos la capacidad de estar siempre a la escucha de tu Palabra, recogida en los Evangelios y en el testimonio silencioso de vida de tantas personas, santos y santas de Dios. Concede a tu Iglesia la virtud central de ser también sanadora de los males que aquejan al mundo, de acercarse a los hombres y mujeres de hoy con espíritu abierto, especialmente a los que viven en las cunetas y en los márgenes de todos los caminos, en los límites de las situaciones o en nuestro olvido más negligente. Que allí donde estemos sepamos ser siempre testigos vivos de tu amor. Amén.