Contemplación
Miro tus manos, partiendo el pan, y veo al Dios que quiere que todo sea de todos.
Miro tus ojos, húmedos cuando lloras por los amigos heridos, y veo al Dios que es infinita ternura.
Miro tus oídos, atentos a los gritos de quien está al borde del camino, y veo un Dios infinito, al que llegan todas nuestras plegarias.
Miro tus entrañas, estremecidas ante el dolor de los pequeños, y veo a un Dios que todo lo quiso bueno.
Miro tus pies, manchados del polvo de todos los caminos, y veo a un Dios en movimiento.
Te miro enseñando a las muchedumbres con palabras sencillas, y veo a un Dios que ofrece sentido para toda la vida.
Te miro orando, y descubro que Dios es intimidad, y es relación.
Te veo rodeado de gente a la que quieres, y veo a un Dios que es amor.
(Rezandovoy)