Coloquio (a María)

Tú, María, tenías un corazón solidario, servicial y no pudiste quedarte en casa sabiendo que tu prima podía necesitar tus servicios. Tuviste que partir, no te amedrentó lo largo y peligroso del viaje. Llevabas tu misterio dentro y no pensabas en otras cosas, pero tus pasos subían y bajaban colinas hasta llegar a auxiliar a Isabel. ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! (José Correa, sj)