Coloquio del fariseo

Señor, al escucharte reconozco que en mí también se esconde un fariseo. Muchas veces sin darme cuenta, miro el mundo desde mi propio querer e interés. Aparento ser buena persona, pero por dentro vivo como si no necesitara a nadie. Me contento con mis éxitos, pero desconozco que puedo dañar a otros. Vivo de mis logros, pero no agradezco tu don. El peligro de vivir como fariseo es mirarme solo desde mis propios ojos. Vivo contento de cómo soy, pero la verdad es que me encuentro estancado y sin poder crecer. Señor, quiero convertirme a Ti. Dame un corazón como el tuyo. Enséñame a ser humilde. Enséñame a ser misericordioso. Enséñame a amar como Tú lo haces. (Gabriel Roblero, sj)