Sin huidas

No os escapéis de la calle, de la brega, de la lucha, tan cotidiana, por el arroz y la casa, por la puerta abierta, la mano tendida, el trabajo y el descanso. No huyáis del encuentro con los otros, amables y complicados, contentos o apáticos, valientes o acobardados. No os refugiéis de la vida entre las paredes de un templo o las líneas de un salmo. Vivid, creed, pelead, amad. Dadle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, pero, en todo ello, que se note vuestra fe, que todo lo anega como río caudaloso que fecunda la historia. (José María R. Olaizola, sj)