Nadie da nada por nada, dicen los incrédulos. Algo querrá, comenta, suspicaz, quien no se fía del amor. Miradas recelosas, segundas intenciones, agendas ocultas, hojas de ruta, buscadores de tajada. Sospecha. Desconfía. Todo tiene un precio. Imposible gratuidad en corazones obtusos. Tú muestras la desnudez generosa de quien abre su casa y ofrece su mesa. Tú eres la puerta a una fiesta preparada, bendecida, repartida y entregada. Tú te das sin regateo ni exigencia. A saciados y hambrientos, a amigos y enemigos, a propios y extraños. Imparable gratuidad en corazones abiertos. (José María R. Olaizola, sj)