El otro llanto

No me dejes llorar lágrimas tramposas cuando solloza el mundo heridas viejas y tragedias nuevas. No me dejes gritar por agravios fútiles, que hoy la injusticia hiere a niños y grandes con metralla y muros, silencio y hambre. No me dejes hurgar en mis penas, como si no hubiera otras. No me dejes ciego sordo mudo a ese otro que sólo anhela un poco de amor. (José María R. Olaizola, sj)