En las huellas del profeta...
Hoy puedo hacer presentes mis horas de cansancio,
de fatiga, de bochorno.
Y pedir al Señor que me despierte a la vida.
Con la seguridad de que si vivo vigilante,
podré percibir los pies que se acercan
y danzan al ritmo de una música de paz y de victoria.
Si me atrevo a colocar mis pies en sus huellas,
podré llegar a ver cara a cara al Señor,
mirando a un bebé
en brazos de una chiquilla-madre.
Y podré cantarle.
Junto a todas las personas rotas,
junto a todos los pueblos,
junto a toda la creación.
Si presto atención,
la vida entera se puede volver canto,
porque la vida que no se vuelve canto
es una vida perdida.
(Julia Blázquez, aci)