En las huellas del profeta...

Hoy puedo hacer presentes mis horas de cansancio, de fatiga, de bochorno. Y pedir al Señor que me despierte a la vida. Con la seguridad de que si vivo vigilante, podré percibir los pies que se acercan y danzan al ritmo de una música de paz y de victoria. Si me atrevo a colocar mis pies en sus huellas, podré llegar a ver cara a cara al Señor, mirando a un bebé en brazos de una chiquilla-madre. Y podré cantarle. Junto a todas las personas rotas, junto a todos los pueblos, junto a toda la creación. Si presto atención, la vida entera se puede volver canto, porque la vida que no se vuelve canto es una vida perdida. (Julia Blázquez, aci)