Coloquio ante Esteban
Por qué será que aunque fije la mirada en el cielo, no veo la gloria de Dios ni a Jesús de pie a la derecha de Dios. ¿Que tenía el cielo de Esteban que no tiene mi cielo? ¿Tan distintos son? ¿Será que todavía no me he dejado seducir por Jesús como Esteban? ¿Será que nunca he sido un testigo convencido de Jesús como lo fue él? ¿Será porque mi mirada no es limpia ni transparente como fue la suya? ¿Será porque siempre miro al suelo para sentirme seguro de saber por dónde piso y así evitar riesgos?
Y, sin embargo, no puedo negar que siento un gran deseo de conocer al Señor, de vivir como él vivió, de darlo todo como él dio su vida. En el fondo, siento envidia de Esteban.
Señor Jesús, mi fe es tan efímera como los puntitos de luz de un cielo medio estrellado por la noche. Hoy voy a mirar ese ‘mi cielo’ con el deseo de que esa luz tan tenue de estrellas, me deje vislumbrar algo de ti, y encienda poco a poco el deseo de nacer de nuevo. Señor Jesús, ahí me tienes mirando ese cielo un poco estrellado, recibe mi pobre espíritu y llénalo de luz, de tu luz.
(Pep Baquer, sj)