Tú nos recreas
En el árbol de la vida
brillan miles de ofertas
con brillo de paraíso
al alcance de la mano.
¡Maduran tan lentos
nuestros frutos!
¡Y el creador no llegará
hasta el final de la tarde
para el encuentro vespertino! [Gn 3, 8].
"En la ausencia de Dios,
juguemos a ser como dioses.
Aceleremos al ritmo de la sangre,
sometamos a los obreros,
excluyamos a los débiles,
empuñemos armas certeras,
rompamos con drogas
las leyes de la conciencia,
rasguemos las ropas
que cubren la identidad.
Que la ansiedad y el instinto
dancen en las sombras
en torno a los ídolos de oro.
Ardamos como fuegos de artificio
en el firmamento de una noche
quemando la herencia de los siglos".
Al amanecer, ¿dónde estamos?
Como restos de cohetes explotados
nos arrastramos mezclados con el lodo,
pisados unos por otros.
En las piedras de los edificios
reclaman los obreros mal pagados
a pesar de la pintura y los espejos.
Mientras dormíamos nuestro derroche,
las fuerzas de la muerte
han ocupado nuestras esquinas.
Somos ramas cortadas del tronco
rodando por el suelo,
intimidad usada y desechable.
Nuestra soledad se ha encontrado
en su infinito abismo
Pero tú te acercas a nosotros
y nos buscas sin descanso
por callejones y avenidas,
en la soledad extraviada
y en solemnes asambleas.
Nos unges los ojos con colirio
para limpiarnos con ternura
de la imagen fantasmal
de nuestra noche seducida.
Nos rescatas del lodo con tu mano
nos podas las hojas maltratadas,
nos limpias con agua bautismal,
y nos injertas en el árbol de tu vida.
Tu abrazo recorre toda mi espalda,
y es perdón sin condiciones.
Una añoranza de casa paterna
como un grano de incienso
pone a soñar el alma de nuevo.
El mundo es nuestro otra vez.
Ya podemos ser como tú,
acercarnos a cada persona
con un perdón sin condiciones,
descubrir cada día tus ofertas
y crear contigo el paraíso.
(Benjamín González Buelta, sj)