Texto bíblico
Evangelio
Gen 1, 1-31Todo estaba oscuro. No había nada alrededor, y Dios se sentía incómodo. Así que se rascó la cabeza y se dijo: «¿De qué me sirve ser Dios si estoy solo?» Y decidió ponerse manos a la obra. Empezó por iluminar todo ese vacío: creó la luz y le pareció que aquello estaba muy bien. Luego se le ocurrió crear las estrellas, los planetas, y las leyes por las que se mueven. Y también le pareció que estaba muy bien. Muy animado, siguió con el agua de los mares, las plantas, los pájaros, los peces, los insectos. Sí, le estaba quedando muy bien. Y entonces, tuvo una idea genial. Pensó: «voy a hacer personas que sean como yo». Y así creó a los hombres y las mujeres. Aquello estaba francamente bien, porque ahora tenía un mundo sobre el que derramar su cariño. Y además se le había ocurrido que fuesen aquellas criaturas, la mujer y el hombre, las que se ocuparan de cuidarlo para que siguiera estando así de bien. De modo que les llamó y les regaló todo aquel mundo que acababa de crear y del que se sentía tan satisfecho.