Texto bíblico
Evangelio
Lc 3, 1-7Los hombres más poderosos de aquel mundo eran Tiberio, el emperador; Poncio Pilato, el gobernador; Herodes, el virrey; y Caifás, el Sumo Sacerdote. Pero la palabra de Dios vino sobre un hombre sencillo, desconocido, que no tenía poder. Era casi un muchacho. Se llamaba Juan, era hijo de Zacarías, y vivía en el desierto. Él sintió dentro una voz, y se lanzó a los caminos para contárselo a todos. Les decía: «Tenéis que bautizaros y convertiros. Convertirse es cambiar. Quitar las cosas malas de la propia vida y ser de verdad buenas personas. Tenéis que preparar el camino del Señor, limpiad la maleza para que pueda pasar. Quitar los obstáculos y las barreras, porque ya está viniendo. Que pueda llegar. Porque cuando él llegue, todos verán el regalo que nos trae Dios. ¿No os dais cuenta de que ya viene?»